15 de noviembre de 2011

Nueva York y el dulce sabor del riesgo acertado

En un rascacielos habitaba un hombre como cualquier otro, lo que lo diferenciaba de algunos es que tenía el privilegio de ver al amanecer como el sol se apoderaba de su habitación, esos rayos que le llenaban de energía matutina, atravesando los cristales de la ventana como si no existieran, claro, eran transparentes, transparentes como sus deseos más profundos de conseguir aquello que soñaba todas las noches…
Era un nuevo día en su vida así que se decidió a cumplir con su rutina, bajo los 78 pisos a pie, corriendo como caballo salvaje, siempre con la esperanza de encontrar en la calle ese coche negro brillante que traía consigo una serie de reacciones en su interior que él jamás había pensado que le podría generar un coche, por dios, es algo material ¿Cómo podía despertar tantas emociones en él?
Cada día a las ocho de la mañana después de su rutina de caminar por casa medio “zombie” y tomarse su café matutino, el bajaba rápido las escaleras para ver la llegada de ese coche negro brillante que hacía al café bailar dentro de su estomago, mientras un nudo de corbata se generaba en su cuello, y no precisamente porque llevara una.
El coche negro llego como todas las mañanas, reflejando la circunferencia del sol en su carrocería e imponiendo el sonido de su gran motor por toda la avenida, realmente nadie lo escuchaba, era casi imposible escuchar tal cosa en esa mezcla de rutinas ajetreadas y esas cientos de personas caminando con un rumbo fijo a vivir un día cualquiera, pero el si era capaz de escucharlo, para él era como si no hubiera más nada que ese coche, todo se volvía blanco y negro, despacio, menos ese coche, resaltaba… cuando el coche ya se había deteniendo y su motor había dejado de rugir, la puerta trasera se abrió y desde la más profunda oscuridad lo primero que salió fueron unos tacones negros inmensos que acompañaban una larga pierna, que daban el primer paso firme para lo que estaba por suceder, sin embargo lo que termino por destruir el ritmo equilibrado de su corazón fue cuando ella termino de bajar de su coche, su larga cabellera rubia comenzó a ondear libremente por el aire hipnotizándole por completo, el se decidió después de su típico trance, ese día el se había decidido en arriesgar, en tomar el riesgo de decirle lo que su presencia en el mundo generaba en el , pero hubo algo que no se detuvo a pensar y es que siempre cuando tomamos una decisión conlleva el riesgo de que salga bien o salga mal, ¿Por qué no se detuvo a pensar? Porque estaba cansado de soñar, y sus pasiones lo llevaron a actuar, todos los sistemas neuronales de bloqueo por miedo e inseguridad se desvanecieron, no funcionaron, decidió tomar el riesgo para conseguir su sueño.
Se acerco a ella y de sus labios salieron las siguientes palabras: “Tú eres con quien sueño desde aquella vez en que nos conocimos y me dijiste que era el chico más loco que habías conocido, después de eso las conversaciones que hemos tenido no han sido suficientes para mí y es hora de que sepas toda la verdad”. Ella simplemente le puso un dedo en sus labios y lo miro fijamente, con la otra mano cogió su mano, uno frente a otro se miraron fijamente y desvistieron sus almas dejando expuesto ante el brillo de sus iris lo que sentían, cuando sus manos se entrelazaron el viento que los rodeaba se encargo de envolverles en un tornado inconquistable con destino a otro mundo, un mundo donde ellos dos eran los únicos dueños y señores, donde podían vivir lo que quisieran, sabían que una vez que llegaran a ese mundo comenzarían a ver con el corazón y no con los ojos, también sabían que después de haber tenido tal viaje juntos, encontrarían la felicidad en la sonrisa del otro… y realmente fue aquí donde comenzó esta historia y no en los parrafos anteriores, una historia donde ser capaz de tomar el riesgo y demostrar lo que sientes resulto acertado, sin embargo lo importante es conseguir el valor para tomarlo y saber el causante de ese valor capaz de hacernos actuar.